Claves para un periodismo libre de machismo

Tipo 1- Uso problemático de la palabra ‘mujer’

  • No abusaremos de la fórmula «la primera mujer que…», para evitar el síndrome de la eterna pionera.
  • Incluiremos en el titular y en el subtítulo información relevante que dé más pistas sobre el perfil de la protagonista, en vez de hablar de ella como «la mujer que».
  • Incluiremos en el titular los nombres y apellidos de las mujeres que son noticia por un logro individual, para visualizarlas en vez de diluirlas como parte del género femenino.
  • Cuando el hecho noticioso no sea tanto quién sino qué (recordemos el ejemplo de la protagonista en el remake de The Office), ese enfoque estará justificado si lo desarrollamos en un texto con perspectiva de género en el que expertas interpreten ese hecho, expongan barreras y violencias patriarcales, elementos transformadores, etcétera.
Una buena práctica: 

«Los gitanos queremos estudiar, pero el sistema nos pone trabas»

Esta entrevista en El Correo de Iñigo Fernández de Lucio a Violeta Pérez, la primera mujer gitana graduada en Derecho en la Universidad del País Vasco, sortea bien el síndrome de la eterna pionera, porque pone el foco en las barreras que explican que Violeta Pérez sea noticia por graduarse en Derecho y porque destaca su nombre y apellido en el antetítulo.

Tipo 2- Diferenciar por nomenclatura en la esfera pública

  • Nombraremos a todas las personas bajo el mismo criterio: nombre y apellidos o solo apellidos; nunca solo por el nombre de pila. 
  • Ordenaremos los listados de nombres (bibliografías, rankings…) también mediante un criterio igualitario, sin caer en asimetrías. 
  • Identificaremos cómo esta forma de uso sexista del lenguaje se suma a otras, como la minimización de los logros de las mujeres o la cosificación y énfasis en lo superficial. 
Una buena práctica:

Iñigo Urkullu agradece a Idoia Mendia la labor realizada: «Hemos sido un único gobierno»

Este titular de la web de EITB nombra de forma simétrica a los sujetos de la noticia.

Tipo 3- Relacionar el valor de las mujeres con figuras masculinas

  • No desluciremos los logros de las mujeres en la esfera pública atribuyendo el mérito a figuras masculinas (sus entrenadores, sus asesores…) a no ser que, aplicando la regla de la inversión, tengamos la certeza de que ese enfoque también sería pertinente si el protagonista de la noticia fuera un hombre. 
  • Renunciaremos al lugar común del genio y la musa: en todo caso, nos servirá de percha para dignificar a supuestas musas que no fueron suficientemente valoradas por su propia actividad intelectual o artística. 
  • Cuando una pareja heterosexual sea protagonista de una noticia, nombraremos a las dos personas de forma igualitaria, en vez de reducir a la mujer a la condición de «pareja de».
  • En caso de que trabajemos en secciones como Gente y el tipo de noticia sea quién es la pareja o la hija de un famoso, aplicaremos la regla de la inversión para descartar enfoques sexistas. Evitaremos tipos de machismo como el de omitir su nombre en el titular o sexualizar a la susodicha.
  • De igual manera, en noticias sobre mujeres que ejercen de acompañantes de sus maridos en actos oficiales, como puede ser la figura (oficial o tácita) de la «primera dama», aplicaremos la regla de la inversión y evitaremos tipos de machismo como la cosificación y el énfasis en lo superficial. Evitaremos reforzar la narrativa de la esposa trofeo y, por el contrario, destacaremos la individualidad de la protagonista.
Una buena práctica:

¿Qué pasó con Daniel Pession y Elisa Arlian, pareja de esquiadores que murieron al caer de 600 metros? 

La periodista Tania Juárez, en el Heraldo de México, se desmarcó de los titulares machistas sobre la muerte de “un esquiador y su novia” que obviaron que ella también era esquiadora.

Tipo 5- Reforzar los estereotipos de género

  • Tendremos especial cuidado en no reforzar los roles y estereotipos asignados a las mujeres: la madre-esposa o cuidadora, la dama de hierro, la chica guapa o femme-fatale, la superwoman…
  • De igual modo, evitaremos alimentar estereotipos masculinos como el del triunfador o el donjuan, y aplicaremos una mirada crítica a los pactos entre caballeros. 
  • Haremos un uso no sexista del lenguaje que evite incurrir en asimetrías sexistas, como hablar de “médicos y enfermeras” o de “azafatas y pilotos”. 
  • Cuando sea una fuente quien nos transmita una idea estereotipada o un lugar común, evitaremos llevarla al titular y “cogerla con pinzas” o, mejor aún, buscaremos fuentes expertas con perspectiva de género que puedan desmontar o matizar esa narrativa.

Tipo 6- Cosificación de las mujeres y énfasis en lo superficial

  • No convertiremos en noticia el cuerpo o la apariencia de una mujer.
  • Aplicaremos la regla de la inversión: si los trajes de los políticos no son noticia, tampoco lo son los trajes de las políticas.
  • Cuando la regla de la inversión genere dudas, tendremos en cuenta el contexto patriarcal que pesa sobre las mujeres en la vida pública: por ejemplo, un reportaje sobre “las futbolistas más sexys” es machista incluso aunque también se haga una pieza sobre “los futbolistas más sexys”, porque el deporte femenino sigue estando más desvalorizado y las mujeres estamos más expuestas que los hombres a ese escrutinio y sexualización.
  • Plantearemos titulares que pongan el foco en los méritos y la valía de las protagonistas, no en aspectos superficiales como sus aficiones o su parecido físico hacia una famosa.
  • Ante ataques machistas a mujeres de la esfera pública relacionados con su físico o su vestimenta, aprovecharemos esa percha informativa para denunciar ese tipo de machismo, no para analizar ese físico o aspecto. 
  • No incurriremos en otros ejes de discriminación (también cuando el protagonista es hombre), tales como la gordofobia, el racismo o el edadismo.
Una buena práctica:

Feijóo ataca a Yolanda Díaz con un comentario machista: "De maquillaje sabe mucho"

Este titular contundente informa de un ataque machista a una mujer política en vez de sumarse al escrutinio de sus elecciones estéticas.

Tipo 7- Culpabilizar a las mujeres de cualquier conflicto

  • No reproduciremos las narrativas machistas de la rivalidad femenina y de que las novias o esposas de hombres de éxito han truncado sus carreras. Cuando éstas sean también profesionales reconocidas, evitaremos reducirlas al rol de “mujer de”.
  • En noticias que hagan alusión a choques derivados de las expectativas machistas, buscaremos fórmulas para no transmitir una culpabilización a las mujeres o al movimiento feminista.
  • No presentaremos las medidas de acción positiva como formas de discriminación contra los hombres blancos heterosexuales.
  • En el caso de reportajes relativos al malestar de ciertos hombres hacia el feminismo, contaremos con fuentes expertas en masculinidades y feminismo para contextualizar la queja de forma crítica.
  • Un titular machista arruina un texto bien enfocado: recuerda que puedes negarte a firmar una pieza que es contrario a la deontología periodística y a tus principios, y nosotras recordaremos que a veces el redactor o el redactora no es quien ha decidido un titular machista.

Tipo 8- Culpar a la víctima

En este caso, extraemos las ‘Recomendaciones para informar sobre agresiones sexuales’ elaboradas por Isabel Muntané y Violeta García, dentro del informe Dones Valentes de la cooperativa feminista Almena. Este trabajo es muy valioso no solo por su contenido sino por el proceso de elaboración, a partir del trabajo conjunto entre mujeres que han sufrido agresiones sexuales y profesionales del periodismo. 

De hecho, a las recomendaciones que siguen añadimos la de contar con expertas y con supervivientes de violencias machistas como fuentes autorizadas para interpretar noticias.

No atribuir la responsabilidad a las víctimas

Los delitos contra la libertad sexual son los únicos donde las víctimas tenemos que demostrar nuestra inocencia. 

Las mujeres no tenemos que justificar nuestra respuesta a la agresión sexual. 

Una agresión sexual es siempre un delito, independientemente de la respuesta de quien la ha sufrido. 

Las mujeres no tenemos que demostrar que hemos sufrido lesiones físicas ni el uso de la fuerza. 

El imaginario colectivo no se corresponde con la realidad: en la mayoría de las agresiones sexuales no hay heridas físicas ni uso de fuerza extrema

Evitar focalizar la información en datos circunstanciales: 

  • Había bebido. • Se fue con un desconocido. • Iba sola. • Era de noche. 

No insistir en estos aspectos para cuestionar nuestro comportamiento y por tanto responsabilizarnos de la agresión. Usarlos sólo cuando sirvan para demostrar la premeditación y alevosía del agresor. 

Evitar hacer juicios de valor de las relaciones sexoafectivas entre agresor y agredida. 

Las relaciones sexoafectivas que tuviéramos o hubiéramos tenido con el agresor no influencian ni restan importancia a la agresión sexual.

No difuminar la responsabilidad de los agresores 

Los únicos responsables de las agresiones sexuales son los hombres agresores. 

  • Todos los agresores son responsables de sus actos. 
  • Los factores externos (la presión de grupo, el consumo de alcohol o drogas) pueden actuar de catalizadores pero no son la causa de las agresiones. 
  • No focalizar la responsabilidad sobre otras personas (madres, padres, profesionales de la educación…). 

No presentar los agresores como hombres no integrados en la sociedad. 

  • Los agresores pertenecen a todas las clases sociales y nacionalidades, y la mayoría tienen una vida cotidiana rutinaria. 
  • La mayoría de los agresores son hombres conocidos y de nuestro entorno de confianza. Las agresiones no son hechos fortuitos motivados por un impulso, sino acciones premeditadas.

 Los agresores saben lo que hacen, y no actúan movidos por el deseo sexual ni por ninguna disfunción sexual, sino para humillar y ejercer poder sobre las mujeres, adolescentes, niñas y niños. 

Cuando el agresor sea una persona pública evitar magnificar su posición social para desvincularlo de la agresión. 

Evitar utilizar las imágenes para mostrar el agresor como un triunfador o en un contexto que nos remita más a su posición y carrera profesional que al papel de sujeto perpetrador de la agresión. Cuando se destaque el estatus, que sea como elemento agravante de la agresión y de impunidad.

Una buena práctica:

El duro interrogatorio del fiscal a la víctima de 'la Manada' de Sabadell: “¿Está segura de eso?

Esta crónica de Toni Muñoz en La Vanguardia pone el foco en cómo los jueces machistas interrogan a las víctimas y que incluso emplea en el subtítulo el término “revictimización”, sin entrecomillarlo.